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BERNABE COBO. HISTORIA DEL NUEVO MUNDO. Tomo III. LIBRO UNDECIMO, LIBRO DUODECIMO, LIBRO DECIMOTERCIO


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BERNABE COBO. HISTORIA DEL NUEVO MUNDO. Tomo III. LIBRO UNDECIMO, LIBRO DUODECIMO, LIBRO DECIMOTERCIO.

SOCIEDAD DE BIBLIOFILOS ANDALUCES

HISTORIA

DEL NUEVO MUNDO
POR
EL P. BERNABE COBO
DE LA COMPAA DE JESUS PUBLICADA POR PRIMERA VEZ
CON NOTAS Y OTRAS ILUSTRACIONES DE
SEVILLA Imp. de E. RASCO, Bustos Tavera, i
D. MARCOS JIMENEZ DE LA ESPADA

LIBRO UNDECIMO

CAPITULO PRIMERO
Que la Amrica estaba poco poblada, y Po* 9U causas.

Y principio al tratado de la naturaleza y calidades de los indios habitadores de la Amrica, por i el corto nmero dllos que hallaron los primeros espaoles que ac pasaron, que, ciertamente, si toda esta cuarta parte del Universo que tan dilatada es, fuera tan poblada como cualquiera regin de las de Europa, no hubieran visto los siglos pasados ms poderoso monarca que nuestro rey de Espaa que la seorea; pues de ninguno consta por historias haber posedo tanta parte de la Tierra. Mas, por ser muy poca la gente que la habitaba, y menos la que tiene al presente, respeto de su espaciosa magnitud y extensin, no viene ser tan grande su imperio como muestran sus inmensos lmites, que corren del uno al otro polo. Porque si bien es verdad que se hallaron algunas provincias muy pobladas y llenas de hombres, como la de Mxico en la Amrica setentrional, y en esta austral la de S&nta Fe de Bogot en el Nuevo Reino de Granada, las del Cuzco y Quito, en el Per, Chile y algunas otras; con todo eso, eran mucho ms las poco pobladas y casi vacias
de moradores; lo cual no se puede atribuir que hubiese pocos aos que comenz esta tierra ser habitada de gentes, antes, por las muestras indicios que yo en ella he advertido y considerado, se puede colegir que fu poblada antes del Diluvio general; porque algunos rastros y ruinas de poblaciones que hallamos tan raras y peregrinas, como constar desta escritura, no prometen menor antigedad; y despus del Diluvio se echa bien de ver que ha muchos siglos que se comenz poblar. Para satisfacer, pues, la duda, que cualquiera se le ofrecer, de cmo una tierra tan extendida, rica y frtil como sta y de quien tantas grandezas y maravillas ha publicado la fama por todo el Mundo, fuese tan poco poblada, pondr aqu las causas de su poca poblacin que m se me ofrecen y yo he notado en ms de cincuenta aos que he vivido en ella.
Y sea la primera y ms general la falta de aguas de arriba y de abajo que grandes y extendidos pedazos de este Nuevo Mundo padecen; porque en unas partes no llueve jams, en otras no lo bastante para ser cultivadas, y en las unas y en las otras, no hay ros, n los que bastan para poderlas regar. En estos Llanos del Per se prueba esto claramente, donde ni caen lluvias ni corren sino muy pocos ros en comparacin de la mucha tierra frtil que, si hubiera copia de agua, se pudiera sembrar. Corren estos Llanos Norte Sur ms de seiscientas leguas con latitud desde diez hasta cincuenta, y por falta de agua no es de provecho la vigsima parte de tan gran pedazo de tierra; en el cual hay muchos despoblados de veinte, treinta y cincuenta leguas, en que ni aun para beber los caminantes nace agua, como vemos en las provincias de Piura y Ata-cama; y as no tenan los indios poblado en estos Llanos ms que las orillas de los ros, y lo dems estaba yermo de hombres y animales. En las partes mediterrneas desfe mismo reino del Per hallamos tambin grandes pedazos de tierna, aunque no del todo intil como la de los Llanos, pero casi tan poco habitable como ella. sta es donde llueve algn tiempo del ao, mas no lo suficiente para los sembrados. Mucha dlla no se habita, por no haber ros para regarla, por ser muy doblada y de sierras fragosas, por las cuales no se pueden sacar acequias; con todo eso, cra pastos y lea con las pocas lluvias que recibe, por donde no es del todo desaprovechada.
La segunda causa y casi tan general como la primera, es la demasa de aguas que otras tierras tienen, con que se hacen inhabitables. Reprtense estas aguas en lagunas, ros, esteros, cinegas y pantanos; ocupan grandes sitios las lagunas, porque, allende de las que por su extraa grandeza tienen fama, como las de Chucutto, Paria, Lipes, Maracay-bo y otras que hay en la Nueva Espaa, se hallan cada paso otras innumerables de menos grandeza y nombre, que tienen ocho, quince y veinte leguas de circuito; el suelo de todas las cuales, si no estuviera cubierto de agua, era suficiente mantener grandes ciudades y provincias. No cogen menos parte de tierra los muchos y caudalosos ros que la baan, algunos de los cuales, desde que empiezan ir crecidos hasta vaciar en la mar, corren ms de seiscientas y aun de mil leguas, y llevan de ancho por todo este tan largo trecho desde una hasta cuatro, diez, veinte, cuarenta y cincuenta leguas. Fuera del mucho suelo que ocu* pan las madres destos ros, es mucho ms lo que inundan y anegan con sus crecientes y avenidas, vertiendo y explayando sus aguas en las riberas por seis, doce, veinte y ms leguas cada banda, sin que se puedan habitar, por estar empantanadas todo el ao. Allgase al agua de las lagunas y ros las de los esteros del mar, que tambin cogen su pedazo; por donde en partes martimas se deja de habitar mucha tierra, que, por ser muy baja y llana, se mete la mar por ella en sus crecientes, formando grandes esteros llenos de manglares y maleza, que ni aun caminar se puede por ellos.
Otros muchos charcos y esteros hacen las lluvias en tierras llanas, que duran la mayor parte del afto sin enjugarse. Dems dstos, se ven muchas cinegas que se hacen de fuentes, de la gran humedad del suelo, que siempre est manando agua, sin tener corriente para ninguna parte por donde se desagen; y en tierras de muchas lluvias, grandes anegadizos y tremedales, que ni aun pisarse sufren, cuanto menos habitarse.
Desta abundancia de aguas nace otro no menor estorbo para la vivienda humana, que son los muchos bosques y arcabucos que cran las tierras muy lluviosas y calientes, como las de temple y une a. Son estas montaas tan altas y cerradas, con rboles tan gruesos, con tanta espesura y maleza, de suelo tan empantanado, por no baarlas jams el Sol, que nunca fueron habitadas de hombres, pues, no se ve rastro de haber habido poblacin en ellas. Los indios que vivan en tierra de montaa y boscaje, tenan sus moradas en las riberas altas de los ros sobre sus barrancas, mantenindose ms de la pesca que de los frutos de la tierra, por la dificultad que sentan en haber de rozar los arcabucos para hacer sus sementeras, porque, cuanto este afto se roza vuelve nacer el siguiente con tanta fuerza y pujanza, que vence el vicio de la tierra la industria y fuerzas de los hombres, y ms de gentes que, por carecer de nuestras herramientas, les costaba increble trabajo y afn un palmo de tierra que hubiesen de rozar. la incomodidad que consigo traen estas tierras montuosas, se allega el ser de ordinario muy abundantes de fieras bravas, y sabandijas ponzoosas, que no poco molestan y aun consumen sus moradores, pues sabemos de provincias que la muchedumbre y fiereza de los Tigres las tenan casi yermas.
En otras partes que ni son faltas de agua ni sta es con el exceso que acabamos de decir, sino la conveniente para poder ser cultivadas y pobladas, dejan de serlo muy grandes trechos, lo uno por el rigor del temple y lo otro por la disposicin y calidad del suelo. Por el rigor del temple y excesivo fro es inhabitable toda la tierra del primer grado de Sierra, en que ningunos frutos ni legumbres nar cen, que todo lo abrasa el hielo. En este grado tan destemplado se incluyen las punas, pramos y cordilleras nevadas del Per; y aun podemos reducir l buena parte de la tierra del segundo grado de Sierra, que tambin participa de pramos inhabitables, si bien se cra en ellos gran suma de ganados de la tierra y de Castilla, como son el ovejuno y el vacuno. Por la disposicin y calidades del suelo hay tierras que, dado caso que son de buen temple, todava no son aparejadas para cultivarse, por una destas tres causas: porque son salitrales, como los que vemos en muchas partes del Per, por ser arenales y pedregales, as campias como sierras, y dstas, por ser algunas de riscos y breas que se extienden muchas leguas. Otras sierras hay de buen terreno, mas, tan fragosas y empinadas, que no se pueden labrar. Todas estas causas hacen inculta inhabitable la mayor parte destas Indias, como yo muchas veces he notado andando diversas provincias dllas.
Las tierras frtiles y habitables no estaban igualmente
pobladas; unas lo eran mucho, y otras poco; en que se
va esta diferencia, que los reinos grandes y poderosos eran
mucho ms poblados que las provincias cortas seoreadas
de caciques y que las parcialidades y behetras, como par
rece de los reinos de Nueva Espaa, Per, Nuevo Reino
de Granada y otros ms populosos; la razn de lo cual es,
porque se conservaban mejor los vasallos de los monarcas
y grandes prncipes, no hacindose guerra entre s y de-
fendindose ms fcilmente de los extraos. Pero las parcia-
lidades y behetras, como andaban en perpetua guerra unas
con otras, entre s se destruan y consuman, andando los
indios de las unas caza de los de las otras, sus vecinas,
para mantenerse dllos. Porque se hallaron naciones dstas
caribes y carniceras, que agotaron provincias enteras dejan-
Tono III 2
dolas yermas de sus moradores; y por no traer ejemplos ms de lejos, bstenos el de los indios Chiriguanos en el Per, que se han comido muchas naciones de indios cuyas tierras ellos ahora poseen; y hic

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